miércoles, 25 de abril de 2012

Ciego


De pronto, esta conciencia triste
de que el mar no nos ve; de que no era
esta correspondencia mantenida
días y noches por mi alma
y la que yo le daba al mar sin alma,
sino en un amor platónico.

¡Sí, inmensamente ciego!

Aunque esta luna llena y blanca
nos alumbre, partimos las espaldas
del agua en una plenitud de oscuridades.
Y no vistos del mar,
no existimos por este mar abierto
que cerca nuestra nada en horizontes
verdes, resplandecientes e ideales.

Este miedo, de pronto…

Juan Ramón Jimenez

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