martes, 3 de enero de 2012

La Creación Según Los Tehuelches

En el principio de los tiempos, Kóoch vivía sumido en las tinieblas que envolvían la tierra. Contemplando su terrible soledad, comenzó a llorar, y el río de sus lágrimas formó Arrok, el mar primordial. Cuando Kóoch consideró que había ya agua suficiente, dejó de llorar y su aliento creció hasta convertirse en un fuerte viento que separó las tierras y las aguas.

Pero la oscuridad seguía reinando sobre el mundo. Cansado de las sombras, Kóoch realizó un corte en las tinieblas originales, de modo que una mitad siguiera siendo oscura y la otra se iluminaría con un gran resplandor. Esta luz primigenia fue Kéenyenken, el Sol. El calor generado por esta nueva deidad era algo desconocido en el mundo, y las aguas comenzaron a evaporarse y formar densas nubes. Las nubes deseaban volver a Arrok, y se revelaron contra el Sol, produciendo truenos, relámpagos y rayos, tratando de mitigar el calor con intensas lluvias. Kóoch, viendo la caótica situación, ordenó a Kéenyenken que disminuyera su excesiva energía, y le indicó que tenía prohibido ingresar en la mitad del cielo en la que reinaban las tinieblas.

Kóoch se dio cuenta que las tinieblas insondables no eran algo bueno, y decidió crear a Kéenguenkon, la Mujer-Luna. Pero ella resultó un ser maligno e increíblemente poderoso; una bruja poseedora de terribles seres como el Guanaco Macho y el Avestruz Macho, que se ocupaban de matar a los hombres que disgustaban a Kéenguenkon.

Kéenyenken comenzó a sentirse sólo, y decidió cortejar a la Mujer-Luna. Su amor fe correspondido, y de ellos nació Karro, la estrella vespertina. Como regalo por su nacimiento, su madre le otorgó el dominio sobre las mareas.

Mientras tanto, Kóoch había creado una isla habitada por gigantes, donde también vivían los animales-hombres. Nosjthej era un monstruoso gigante que raptó a la mujer-ratón y con ella engendró a Elal. Cuando descubrió el embarazo, asesinó a su esposa y abrió el su vientre con un cuchillo de piedra, ansioso por comer el feto, pero en ese momento oyó un gran estruendo que venía del fondo de la tierra. El sobresalto hizo que descuidara a Elal, que fue rescatado por su abuela Térrguer, la ratona de campo, quien lo escondió en lo más profundo de su cueva. Cuando Elal tuvo la fuerza suficiente, dio muerte a su padre luego de una feroz lucha.

Elal montado en el lomo de su amigo Kóokne, el Cisne, voló rumbo a la Patagonia mientras lo rodeaban bandadas de coloridas aves. Luego de un largo viaje descendieron en la cima de Chaltén (el monte Fitz Roy), junto al lago Viedma. Una vez que recorrió sus nuevos dominios, Elal creó a todos los seres vivos que poblarían el lugar. Los humanidad fue su más preciada creación, y para ellos Elal elaboró los más hermosos regalos: dividió el tiempo en estaciones, les dio el fuego, el arco y las flechas, les enseño a cazar y a cocinar, estableció el matrimonio, las reglas morales, y la prohibición del incesto. También se enfrentó a los seres malignos que ponían en peligro la existencia humana, pero para separar a los hombres de los dioses debió introducir la muerte.

Cuando finalizó su creación, Elal se sintió sólo y decidió encontrar una compañera. Luego de pensar quién podría ser digna de desposarlo, Elal llamó al cisne Kóokne para que lo transportase al cielo, a los dominios del Hombre-Sol. Elal se presentó frente a Kéenyenken y Kéenguenkon, y les pidió la mano de la bella Karro, la estrella vespertina. La malvada Kéenguenkon le exigió que cumpliera difíciles pruebas, creyendo que de ese modo lo desanimaría, pero Elal pudo superarlas y ganó el corazón de Karro. Ambos retornaron a la Patagonia sobre el lomo del cisne, rodeados por bandadas de bellísimas aves.

Por un tiempo ambos fueron muy felices, pero Karro añoraba ver su reflejo sobre las azules aguas del mar, aquellas sobre las que su madre le había otorgado amplios poderes. Elal se compadeció de su tristeza y la acompañó hasta la orilla del océano. Tal fue la emoción de la joven al verse nuevamente frente al océano que se transformó en sirena y se sumergió para siempre en las profundas aguas.

Elal comprendió que su misión en la tierra había llegado a su fin, así que se transformó en un pájaro y voló con el cisne rumbo al este, hacia el sitio en que el cielo se une con el mar. Al llegar al horizonte del este subió al cielo, y en su nueva morada se ocupó de recibir las almas de su gente, encargando al espíritu Wendeunk que se ocupara de acompañarlos en su último viaje.

Wendeunk es el oponente de los tres espíritus malignos que nacieron del vientre de Tons, la Noche, pero las personas deben mostrarse dispuestas a ayudar a este espíritu benigno, pues no puede enfrentarse solo a los gigantes demoníacos. Es invisible y guía a las personas desde que nacen hasta que mueren, protegiéndolas en los momentos difíciles. Cuando lleva a la gente hasta la morada celestial, informa a Elal sobre todas las cosas buenas y malas que hizo la persona en su existencia terrenal.

Leyenda de los Tehuelches (Patagones)

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